viernes, 6 de marzo de 2015

5. El libro como caja, III. Los mil y un libros.

¿A quién se le ocurrría hoy re-escribir Moby Dick? Peor aún, ¿quién se atrevería a hacer varar a Moby Dick en una playa de Macondo para despertar la transformación unos niños desamparados en una feroz tribu de salvajes. Tal cosa se tomaría enseguida como desvergüenza comercial, una pésima provocación; en cualquier caso, un pastiche literario reflejo de una época decadente y sin auténtica creatividad, un intragable mendrugo hollywoodiense. 

Tan alta estima se tiene hoy por la originalidad literaria que ni siquiera al autor le es dado versionarse. Si te repites serás como mucho un autor de género. Convence al público de que tu repetido error se debe a una pulsión interior, a una psicopatía artítica y puede que hasta te conviertan en autor de culto, pero literariamente serás siempre serie B. En la mayor parte de los casos, sin embargo, el plagiario de sí mismo viene a ser como el cornudo satisfecho del siglo XVII, un miserable que prostituye su obra. 


El libro como obra artística ha heredado las cualidades de la reliquia: es una prolongación biológica del santo, un remanente de su poder. Se entiende así que la obra de arte sea irreproducible por un tercero y apenas por su mismo creador, ya que tanto lo valioso en ella es el milagro que la produjo y que apenas se contiene entre las tapas del libro. Esta veneración icónica del Libro, alimentada por la avaricia de los herederos del artista, de su Iglesia, ha llevado al absurdo de que los derechos económicos por autoría se cumplan no sobre la edad de la obra sino sobre la muerte del autor, pues éste, cual si fuera un poderoso mago, mantiene el influjo y potestad sobre sus creaciones mientras camina por el mundo, un poder que sólo comienza a debilitarse tras su muerte. 

En fin. Olvidémonos del milagro atrapado en el libro, olvidémonos de la santidad del texto, rompamos los iconos literarios y sumémonos alegres y confiados a esta Reforma imparable. Recordemos viejas historias, recortándolas y recontándolas, reinterpretándolas de nuevas formas y maneras. Enfrentemos a un renacido Ulises con gigantes molinos robóticos, permitamos que celebre despues su batalla  con su amigo Simbad en una larga noche de farra y que en la madrugada se batan por el amor de Karenina, intercalemos historias de hombres comunes transformados en insectos, de donjuanes arrastrados a los infiernos, de arrebatados amores adolescentes y pasemos también nostros la noche en vela, mil y una noches.

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