jueves, 7 de febrero de 2019

17. Los muchos libros y el desorden del mundo.

Estos son malos tiempos. Los hijos han dejado de obedecer a sus padres y todo el mundo escribe libros.



Marco Tulio Cicerón?




No sé si la cita es cierta, pero no hay duda que es correcta, pues le va al personaje. Al fin y al cabo la cita es un argumento de autoridad. Sin ese recurso a la autoridad, la cita se queda en greguería, en ingenio, en ociosidad, en sofisma.


Al parecer, los filósofos chinos intentaban hacer pasar sus propios sofismas como citas de los antiguos. El propio Confucio se presentaba como restaurador de los usos de la dinastía Zhou, ya olvidados o incomprendidos. Así, como trascriptores o como intérpretes, los sabios añadían y corregían las fuentes a su parecer. En nombre del nombre del sabio milenario, aseguraban su propia inmortalidad. En la tradición europea ese camino resulta humillante, impensable. Poner la propia obra a nombre de otro sería como vender el alma. No hay nada peor que para un autor que el ser confundido como otro. La cuestión del plagio adopta así perspectivas opuestas. Para nosotros comete plagio quien pretende hacer suya la obra de otro; desde el otro punto de vista, en cambio, eso sería el mayor servicio. ¿Qué más podríamos desear que un pensamiento propio sea asumido por entero por otra, que nuestro ser sea personificado en otra persona? ¿No ése el acto de obediencia supremo? ¿Acaso no se convertiría esa persona, totalmente identificada con nosotros, en nuestra perfecta hija?
En realidad,lo que la cita de Marco Tulio (verdadera o falsa) condena es que los hijos deseen otra fama más allá que la que sus propios padres les dejan en herencia. A mí me gustaría pensar que la cita no es de Cicerón, sino de algun discípulo suyo que la atribuyó al maestro.

A menudo se presenta a Cicerón como un defensor de la República romana, contrario al despotismo de César y al Imperio, pero no es verdad. En Cicerón mucho más que en César anida el deseo de Imperio. César era el genuino ciudadano de la República y lo que deseaba sobre todo era ser el mejor de los romanos. césar perseguía la grandeza. Cicerón era un conservador, como Confucio; ambos querían orden.

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